Prescindibles

Tengo  por costumbre mirar a los ojos de las personas a las que aprecio y preguntarles de vez en cuando  lo siguiente ¿y tú, cómo estás? Un amigo, ejecutivo él, no hace mucho tiempo  me contestó: “preocupado con mi hijo, en el colegio nos dicen que lo notan triste y llora”  ¿Y a qué crees que es debido? continué. “No sabemos bien, vamos a averiguar el motivo”

Unos días más tarde de nuevo nos citamos. ¿Cómo estás?, mi habitual pregunta. “Impactado, el chico le ha dicho a su profesora que está triste porque ve poco a su padre”. El hijo de mi amigo, evito escribir su nombre, tiene tan solo 5 años

Este hecho, real como la vida misma, me mueve a escribir sobre las consecuencias de sentirse uno imprescindible. Principalmente en el ámbito empresarial, pero también y probablemente  en algún otro entorno.

Hay una gran parte de personas que llegan demasiado tarde a casa después del trabajo, y no me refiero a las que, concluida su jornada, se detienen a tomar una caña o un vino. O varias cañas, o varios vinos…. Mi propuesta de atención es para esos otros seres que siempre tienen cosas que hacer en la oficina o en el taller, o en cualquier otro espacio laboral donde quiera que  permanezcan y nunca encuentran hora para marchar con los suyos

Algunos de ellos lo hacen  por ganarse el puesto demostrando a su superior que solo  así serán candidatos. Otros, porque son incapaces de delegar. A este tipo de casos me voy a referir más. Se trata de personas que no “sueltan” nada, creen que si delegan y enseñan a sus subalternos perderán posesión. Son los protagonistas de su historia, suelen anotarse  el éxito de otros. Se sienten  imprescindibles

Todos los estilos de dirección son respetables, desde luego, pero apuesto categóricamente por aquellos que entienden el “empowerment” (delegar poder) como filosofía y estrategia de crecimiento. En mi opinión, si no delegas, no creces

Delegar poder es confiar en el otro. Los efectos son múltiples, creces y dejas crecer. Se trata de una apuesta que va más allá de encomendar un trabajo. Los dirigentes que practican el arte de la delegación son más efectivos pues poseen de un tiempo mayor para sí mismos. Pero además de ello, y otorgando responsabilidad a los demás, están contribuyendo de manera formidable al desarrollo profesional y personal de éstos. El nivel de autoestima les aumenta, y eso es bueno. Mucho más eficaz aplicar en las organizaciones el lado humano y funcionar bajo el “principio del poder con” y no del “poder sobre”

 

 

Delegar no es perder autoridad ni jerarquía, la responsabilidad principal sigue siendo del que está al frente de la estructura empresarial o social, pero delegando se obtiene más energía, menos estrés, más ganancias y sobre todo más tiempo para uno mismo. Ese tiempo que bien pudiéramos utilizar para llegar antes a casa.

 

La semana pasada volví a quedar  con mi amigo, ¿y tu hijo, cómo está? le pregunté. Mucho mejor, ya no llora ni está triste en el colegio. ¿Qué ha ocurrido? Que me he vuelto  prescindible…

 

 @javiergmezR

 

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