Don Ramón, el del Banco

El protagonista de esta entrada es Don Ramón. Ese Director de una  oficina cualquiera de banco  al que has tenido la gran suerte de conocer en esa larga y ardua travesía por el mundo empresarial.

 

Se trata del   típico  responsable de entidad al que,  cuando le planteas pedir un préstamo o línea de crédito para tu negocio, te "escanea" de arriba a abajo  primero y luego te “larga” un extenso pliego de requisitos y condiciones a cumplir por pequeño que sea el montante precisado.  Es indiferente la magnitud de tu proyecto elaborado y adornado para la ocasión que sobre su mesa le presentes. Transcurrirán pocos minutos hasta escuchar, “necesitamos avales,” pero aún así, sigue dándole vueltas y vueltas. En los pasados años de bonanza  el financiero tardaba  más tiempo en imponerte el requisito, ahora casi uno ni se acerca al Banco pues intuye lo que se va a encontrar.

 

Sin embargo, la entidad financiera sigue siendo pieza imprescindible en toda  “escudería empresarial”, entendiendo este término como conjunto de personas y objetos que forman un mismo equipo  para conseguir destinos  comunes.  Sin esa ayuda capitalista (por muy gravosa que resulte) es prácticamente imposible participar y competir en  la carrera de los negocios.

 

Don Ramón es aquél Director que se la juega contigo. Es la persona  que asume un cierto riesgo en el estudio y concesión de la operación, aquél que en un momento del recorrido burocrático pasa por alto algunas exigencias vitales para  la Entidad.  Don Ramón se convierte sin quererlo en el salvador de la etapa o del partido que te permite seguir en la carrera o campeonato.

 

 

Es como un gregario de lujo que te avitualla en el puerto, lo justo, pero en el momento preciso. Existen muchas empresas que para seguir adelante necesitan de esta ayuda en un momento del recorrido. No recibirlo puede provocar una monumental “pájara” que te lleve al abandono.

 

Recuerdo una historia real que me contó hace muchos años Don José. Un empresario rural  que creció y dio empleo de manera continuada a más de 300 vecinos de su pueblo. Había iniciado un negocio familiar en casa con una máquina y poco más. Fabricaban juguetes para llevar la ilusión a todos los niños del mundo. Llegó a exportar su producto a multitud de países. Creció y adquirió mayores espacios, nueva maquinaria e innovadoras líneas de producción. Un día le pregunté, ¿Cuál ha sido la clave del éxito? -Don José me contestó- la clave ha sido Don Ramón, el del banco.

 

Me contó que en peor momento económico de su empresa, Don Ramón apostó por él y su negocio. Lo fácil hubiera sido para el bancario no conceder una operación de alto riesgo, pero lo hizo, y seguramente con ello, no solo salvó la situación del momento  sino que lo proyectó más que nunca.

 

Mi homenaje a todos esos directores Don Ramon, que a pesar de situaciones adversas sobrevenidas en este mundo económico actual, siguen salvando, con su apuesta profesional , pero sobre todo personal,  muchos destinos empresariales.  Gracias Don Ramón